El mapa no es el territorio: Sobre el ser Colombiano

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Vista de Santafé de Bogotá (detalle), por José Aparicio Morato en 1772. El original se destruyó en el incendio del 9 de abril de 1948. Esta reproducción es obra de Daniel Ortega Ricaurte. Desde el siglo XVII la traza varió poco. Wikimedia Commons

Identificarse como “Colombiano” es algo muy complejo. Por cuestiones propias de los hechos y de la forma como han sido narrados en los últimos 40 años, se ha consolidado a esa denominación con las ideas del crimen profesional, de la sociedad parásito, entre otros. ideas legitimadas y reproducidas a escala mundial por las autoridades estadounidenses y por la poderosa industria del entretenimiento con su “cultura popular”.

Bajo este patrón el identificarse como “colombiano” es sincronizarse de manera consciente o inconsciente con una idea que refuerza los privilegios de unos pocos: los que se han aprovechado del caos mientras sus habitantes nativos sienten que viven en un suelo prestado, propiedad de otros.

El ser “colombiano” es una respuesta poco concreta, -como ocurre con cualquier nacionalidad o etnia- por eso, en tiempos de la reducción del mundo a los 140 caracteres y de la sobre simplificación autoritaria por internet, las identidades nacionales se difunden y hasta pueden darnos ideas para jaquear algunas de esas ideas.

Por eso desde hace unos años, he propuesto el retomar la idea de la “Nueva Granada” del siglo XVIII, momento en donde la sociedad podría haberse quedado congelada. Regresar a ese momento no para exaltar la fantasía de un tiempo idílico  -como lo hacen los fascistas cada vez que re-significan el pasado- sino para revivir y “resetear” la experiencia del estar en este territorio, considerando las diferencias, las dinámicas propias y de cual será nuestro engrane con el resto del planeta. Una idea compleja que requiere un desarrollo profundo, artesanal y que podría tomar mucho tiempo.

El mapa no es el territorio

la complejidad es democrática y la simplificación autoritaria

distintas temporalidades: el tiempo no es homogéneo, diferentes velocidades, distintos ritmos, simultaneo, micro, variable..

Sarcasmo TV Presents: Todos los Episodios (del 1 al 5)

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Aquí podrán ver todos los Episodios de la microminiserie de la corporación “SarcasmoTV Presents”, el primer y unico espacio sobre la historia y la Histeria mediática en Colombia.

Estos son los primeros 5 episodios.

 

 

 

 

Pueden ver mas info en los respectivos canales de vimeo: https://vimeo.com/sarcasmocorp y https://vimeo.com/sarcasmotvpresents

 

 

 

 

 

Conversaciones sobre Política Vol 3: Algunas propuestas

Solemnidad

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Presidente Santos acompañado de Periodistas 

Uno de los factores que afectan a la conversación sobre política en Colombia, es el exceso de solemnidad. Hace unos días, comentando con colegas hablamos sobre esa tendencia tan irritante que existe en el debate en público colombiano de encubrir la sinceridad con adornos linguisticos o con la constante cita a autores, (preferiblemente franceses) o el desviar una conversación sobre las ideas y las acciones hacia una explicación de tecnicismos legales. (Porque los invitados a las conversaciones siempre son abogados y todo se convierte en una conversación entre abogados y juristas)

Ocurre que durante una conversación sobre Política, alguno de los panelistas dice una grosería. Luego el espectador y el analista de la espuma, se van a quedar en la reacción de asco por el improperio mientras todo el transcurso de la conversación queda reducido a la captura de ese simple momento.

¿Porqué ocurre esta situación?

Una posible respuesta a esa situación, me pareció leersela al crítico de televisión Omar Rincón, quien afirmaba que en Colombia hay una obsesión en el “quedar bien” ante las cámaras. En fingir o exagerar el acento, en ser artificiales y poco sinceros ante el micrófono o durante la grabación. Y esto no es solo una situación propia de la conversación pública sobre temas Políticos. Ocurre igual con temas de farándula, los deportes u otros temas de interés. Siempre con la gomina y el gel, las corbatas y los vestidos, todo en puesta en escena, sobreactuado, poco honesto y genuino.

¿Que hacer? Si hay algo que puede motivar a hacer algo en lo que me queda de vida es en romper con la solemnidad, en generar grietas, en crear situaciones que son memorables porque rompen con la formalidad impuesta. De hecho, uno de esos pocos lugares donde a veces se ven muestras de expresión genuina es en la radio, en la que a veces hay dinamita y conversaciones en caliente, aunque claro, los conductores no son ni lo mas cercano a tipos ilustrados y más bien son personas con mucho ángel y poco contenido. (Julio Sanchez, Gurissati, Arizmendi, los de BLU Radio, Vicky Davila) Por eso es que hasta el programa del ultraconservador Fernando Londoño “La hora de la Verdad” a veces resulta más digerible y honesto porque están siendo sinceros sobre las barbaridades que dicen.

Otro extremo ocurre, en los programas de debate de Canal Capital, en los que se tratan temas interesantes pero la predominancia del discurso académico hace alejar al televidente o al interesado en escuchar otras discusiones. Como alguien decía en twitter, la franja de opinión de este canal es como si llevaran unas cámaras a las conversaciones de cafetería en las aulas de la Universidad Nacional de Colombia, situación en las que en algunos casos estas se convierten en divagación y gritos hacia las nubes.

O incluso hasta los ataques e interacciones con opiniones silvestres que se ven en los perfiles de redes sociales podrían ser más interesantes si se llevaran a un debate presencial y en vivo, porque en la edición postproducida se pierde peso, colores y por supuesto, mucha sinceridad. También se requiere cambiar el panel de comentaristas rotativos por otros con una disposición diferente, que ofrezcan ideas distintas, contenido y al mismo tiempo, pasión y bajos niveles de timidez ante el público.

Y toda esa Solemnidad… ¿Para Qué?

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Hollman Morris: Director de Canal Capital.

A veces muy serio, a veces muy  MUY trascendental

Es importante reflexionar que en la vida pocas cosas requieren tanta solemnidad. En Colombia gracias a que la historia reciente (y la historia en general) está construida bajo una narrativa hecha en estado de alarma, ansiedad y de énfasis hacia lo trágico, una narrativa diferente a esa construcción se podría leer como una afrenta, a crimen, a pensamiento diferente. Es cierto que hay que conmemorar, que hay que respetar el dolor ajeno y no jugar con los sentimientos de las víctimas del conflicto, pero también urge romper con la hipocresía. Urge emerger y evidenciar el doble discurso (y la doble moral) de los poderes y las instituciones. Urge reducir la presencia de la moral en el debate politico hasta sus justas proporciones, porque aquella es un asunto de convicciones personales -o religiosas- que no viene al caso emerger en el debate público. Cuando se recurre a ella, una conversación retrocede 200 años.

Los debates públicos en muchos de los países del mundo, incluyendo los de los vecinos sudamericanos, no intentan censurar las idiosincrasias o la emotividad como se hace en los medios colombianos. Se le ha dado mucho tiempo al aire al “nuevo moralismo” conservador que pretende imponer un sistema de pensamiento que puede llegar a coartar la libre expresión o el derecho a una libre identidad. Hay microfonos abiertos para los promotores de un autoritarismo inconsciente que pretende presentarse amigable y con discriminación “positiva”. Ahí tienen las reacciones moralistas por la muerte de Diomedes Diaz o las condenas al discurso de Petro durante sus actos en la Plaza de Bolívar luego de su destitución: que porque no es un “moderado” y que se aleja del “centro” correcto, demócrata, liberal, caballeroso, etc. He ahí un campo para reflexionar o pensar en una intervención.

La Acción por encima del discurso

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Activismo Digital: Salvando el mundo like a like. 

Una de las problemáticas asociadas al ejercicio intelectual o el de las ciencias sociales y las humanidades en la actualidad, es la propensión al discurso, al verso, a la palabra por encima de la acción. A veces siento que el solo acto de escribir, enunciar, comentar o “analizar la espuma”, no es suficiente. El “análisis de la espuma” les corresponde a los politólogos y a partir de esa espuma les corresponde a los periodistas vender su pescado en la plaza, -del que esperamos que sea apto para el consumo humano-.

A veces pienso, tal vez de una manera absurda, que la acción política es un asunto individual, cabeza a cabeza, en la cotidianidad y la interacción diaria. O si queremos ir a un asunto más formal, toda la acción política en caliente puede encontrarse en espacios poco usuales en apariencia como una junta de propietarios de un edificio, un conjunto residencial o en una asamblea de acción comunal, entre otros. No es necesario ir más lejos, allí está la acción política mas inmediata. El problema es la participación, la constancia, mantener el interés y la dedicación a un asunto que parece irrelevante frente a otras situaciones más urgentes de la vida cotidiana como el trabajo, u otras que resultan más placenteras como el tener una relación sentimental.

Sobre la actuación en el panorama político a gran escala, la cosa es más compleja. Solo tendría algún sentido si se está dentro de los grupos de poder, en algún bando haciendo negocios entre sí. Esa es una de las paradojas en las que se ha convertido la democracia liberal luego de la caída del muro de Berlín y el fin del “socialismo real”: Es un espectáculo ajeno, donde solo somos consumidores o espectadores que mandan mensajes en SMS para elegir al próximo ganador del Reality Político. O para ser más honestos, y como emergió en las conversaciones entre colegas y amigos, es como ver vídeos de Porno o un partido de Fútbol por televisión: No somos participes, le hacemos barra a un bando del torneo ajeno, a un “gran prix” entre empresas.

Otra situación que ha surgido en este tiempo es el de la “intervención simbólica de los espacios”, que aparece como una respuesta de grupos anticonsumistas a la privatización de los espacios, pero que luego fue institucionalizada para tomarla como campañas preventivas del gobierno sobre los ciudadanos. Aunque estas experiencias están enfocadas en la creación de políticas publicas, o en la creación de leyes, siento que algunas de estas iniciativas se quedan cortas al presentarse como apoliticas, sin convicciones, neutrales u objetivas, etc, asuntos que son otra de esas trampas que ofrece el neoliberalismo en su disfraz de nihilista.

De igual forma, el activismo digital y socialmediatico, “el poder de las redes sociales” o el “slactivismo” o “Clicktivismo” son incluso la peor forma de participación política jamás creada porque se queda solo en un plano simbólico e hiperreal, desmotivando a la acción. Sin dejar de lado otras tendencias vigentes como el convertir cualquier situación en una situación de activismo, basada en el alarma, el sentimiento de culpa o la indignación del momento. (Cortesía de la espuma)

Otras cuestiones son la propensión hacia el activismo judicial por causas penales o la militancia por derechos (algo importante), pero ese no es el único fin de la acción política. Es solo una parte. Siento que la acción política va en la movilización, en la presencia y la deliberación en los actos públicos, en preguntar que sucede, en preguntarse sobre las convicciones, en actuar sin motivo de culpa. Incluso las organizaciones no gubernamentales o las fundaciones son solo pocos pasos en medio de un lucrativo mercado de lo humanitario.

La acción política puede extenderse a otros escenarios. Siento que debe ser presencial, con un espíritu empático. Por ejemplo, si se tiene una fuerte convicción antifascista, esta no solo debe contrarrestarse en la esfera de lo político, también debe contrarrestarse a nivel cultural, estético, deportivo (con sus correspondientes organizaciones barrabraveras). Siento que la acción política debe ser algo latente y presente en los distintos lugares del día: en el lugar de trabajo, en las conversaciones, en la comunicación, en la interacción, entre otras probabilidades.

Siento que una acción de tipo político debe tener un espacio físico, un lugar. Debe hacer sudar, debe hacernos sentir que estamos vivos en el planeta, que somos alguien, que tenemos voz y que tenemos una posición. También es preferible y opcional que el accionar vaya más allá del ejercicio crítico o del estado de oposición permanente, se debe tener una presencia, una construcción, debe ser sobre los problemas reales que se presentan en la temperatura y en el contexto del momento. A veces es importante sentir que se hace parte de algo y que se está ayudando a movilizar el entorno, a pesar de la frecuente oposición de las fuerzas oscuras que quieren mantener siempre su orden de las cosas. Lo importante es que esta acción se haga en un espacio con el principio básico de no coartar las libertades de los otros, eso es fundamental.

También es importante, que esa acción no sea algo temporal, fugaz, temporalmente autónomo, flor de una día, efervescente y fugaz que solo dura 23 minutos. Como en el caso del movimiento de Occupy Wall Street, que fue una acción directa que convocó durante unos meses, terminó disuelto pero sembró una motivación en el publico, la cual debe sostenerse y mantenerse en el tiempo.

Esto es algo que esta por construir. No puedo solo en esto, pero esto es una invitación a trascender en la ejecución de acciones. En la prevalencia de la experiencia por encima de la teoría o el diagnostico y el análisis puro. No se como convocar a las personas que estén interesados en esto;  siento que este es un mensaje en una botella tirado al océano, contiene una de miles de preguntas y debe generar respuestas.

Espero que estos algoritmos generados por este post, lleguen a los ojos de quienes se entusiasmen por desarrollar una acción política presencial. Estas letras de la internet son la materialización de ese delirio por los mundos paralelos, de un montón de números y códigos con los que alguna vez soñaron los escritores o los filósofos delirantes quienes tuvieron que vivir su experiencia contemplativa cuando el idealismo entró en crisis durante los hiatos de la Historia.

He ahí la invitación a actuar. Solo hay una vida, es esta y es aquí y ahora. La vida no se aplaza.  

Espero sus comentarios, propuestas, mails. Un saludo desde Bogotá. (Santa Fé, Virreinato de la Nueva Granada)

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